Lo que dejó la tormenta: sobre los daños y la seguridad en las construcciones rurales

Juan Manuel Masuet
Ingeniero Mecánico
Matr. CIEC nº 23.226.354-5827
Docente de la Fac. de Ingeniería UNRC, y consultor privado

Causas y consecuencias

En una crónica publicada en la edición del 26 de diciembre, como así también en informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación en Internet, se ha informado de la tormenta sufrida el pasado 24 de diciembre, minutos antes de la medianoche.

Impactó en una región del sur de nuestra provincia, produciendo cuantiosos daños en las localidades de Del Campillo, Nicolás Bruzzone, Mattaldi, San Joaquín, Jovita y Serrano.

En las fotos publicadas se pueden observar (entre otros destrozos) distintas estructuras metálicas totalmente colapsadas, entre las que se contaban galpones, tinglados y un hangar que resultó dañado. Para quienes sufrieron el meteoro en carne propia, “de milagro no hubo pérdidas humanas”.

La tormenta sufrida el 24 no fue extraordinaria en nuestra zona, ni por su intensidad y magnitud, ni en la frecuencia con la cual se producen. El 24 de diciembre tocó a tales pueblos. El 6 de diciembre pasado, se había abatido una violenta tormenta sobre Bell Ville, Camilo Aldao y Marcos Juárez. En el caso de Bell Ville, las instalaciones de su Aeroclub resultaron seriamente afectadas, con un hangar destruido y 11 aeronaves dañadas.

En cualquier momento de esta misma temporada estival, o la próxima y las siguientes, podría sucederse un fenómeno similar en otras zonas dentro de la región.

Cabe preguntarse si en el diseño y construcción de aquellas estructuras que resultaron destruidas se contó con la participación de un ingeniero, quienes son los profesionales capacitados para tales tareas (la de proyectar y construir).

Además de aplicar sus conocimientos de la ciencia y técnica y su propio criterio profesional, el ingeniero dispone de normas de edificación, tal como son los Reglamentos emitidos por el Centro de Investigación de los Reglamentos Nacionales de Seguridad para las Obras Civiles, (CIRSOC). Esas normas especifican las acciones que debe soportar una construcción según su ubicación. Tales acciones pueden ser debidas a sobrecargas de uso, vientos, sismo, nieve y hielo.

Por caso, al realizar el cálculo de las acciones debidas al viento, la velocidad básica de viento que se debe considerar para la zona del Departamento General Roca es de 173 kilómetros por hora.

Asimismo, los reglamentos “establecen los requisitos mínimos para el proyecto, fabricación, montaje, protección, control de calidad y conservación de las estructuras de acero para edificios”. Por supuesto, en este último grupo están incluidos también los tinglados, galpones, y hangares. Los reglamentos CIRSOC entrarán en vigencia legal obligatoria a medida que las distintas jurisdicciones (por caso la Legislatura de Córdoba, y los diversos municipios) los adopten como norma técnica, dándole categoría de ley u ordenanzas, según el caso, para todas las obras públicas provinciales y construcciones privadas.

El cumplimiento de las normas CIRSOC es exigido por ley para todas las obras públicas nacionales.

En resumen, la población en general, los empresarios, líderes de clubes, asociaciones y otras instituciones, y todo aquel que vaya a encomendar una construcción de cualquier tipo, deben tomar conciencia de que resulta indispensable asegurar la participación de un profesional con experiencia y además legalmente habilitado para esa tarea, como lo es un ingeniero matriculado. Esa es la forma de hacer una inversión duradera, segura y económica. Así se reducen ampliamente las probabilidades de que las construcciones sean dañadas gravemente por acción de fenómenos naturales violentos pero no infrecuentes.

Hacerlo de otro modo, confiando solamente en la experiencia e idoneidad de quien construya una estructura, sería actuar con temeridad y negligencia, tal como el chanchito del cuento infantil, no precisamente aquel que edificó su casa sólida sino el que hizo la suya endeble, que fue derribada  por los soplidos del Lobo Feroz.

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