Europa quiere crear su propia Bolsa petrolera

Es una propuesta del gobierno italiano para regular el mercado a nivel comunitario

La propuesta, a cargo del cuestionado primer ministro italiano Silvio Berlusconi, se basa en la necesidad de reducir la especulación y volatilidad en los precios hidrocarburíferos. De ese modo, el viejo continente, importador neto de petróleo y gas, apunta a limitar su excesiva dependencia del problemático mercado de Medio Oriente.

Lejos de pasar inadvertida, la crisis egipcia ha calado hondo en la Unión Europea (UE) en general y en la cuna del Renacimiento en particular. El conflicto no sólo empujó hacia arriba el precio del petróleo sino también ha vuelto a sembrar serias dudas sobre la estabilidad del suministro. Tal es así que el gobierno italiano tiene previsto presentar un proyecto que estipula la conformación de una Bolsa petrolera para el viejo continente.

La idea, elaborada por el Ministerio de Industria de la nación gobernada por el primer ministro Silvio Berlusconi, implica crear un mercado regulado a nivel comunitario que combata la especulación y volatilidad en los valores del sector. Así lo anunció Alessandro Ortis, presidente de la Autoridad de la Energía Eléctrica y el Gas en Italia.

Según sus palabras, si bien estará regulado, el proyectado mercado permanecerá abierto a los operadores seleccionados por una contraparte central, la cual será capaz de brindar todos los avales necesarios para los productos estandarizados que se negociarán a largo plazo, además de garantizar su entrega física en las naciones europeas. “En la actualidad el petróleo está alcanzando niveles máximos realmente alarmantes, por lo que este proyecto tiene como principal objetivo promover un mercado de barriles reales, de calidad, regulado y supervisado. Servirá de escudo para contener la excesiva volatilidad de los precios, proteger firmemente a los consumidores y reducir los riesgos de inversión en el segmento”, explicó.

En ese sentido, el funcionario recordó que en las últimas semanas la tasación del barril de calidad Brent del Mar del Norte, que se utiliza como principal referencia en Europa, superó la barrera de los 100 dólares por primera vez desde septiembre de 2008, cuando se desató la última crisis financiera de escala global.

Asimismo, indicó que el crudo en su variedad WTI, referencia clave en el ámbito norteamericano, supo ubicarse por encima de los u$s 90.

Casi una obsesión

La intención europea de incrementar su escaso control sobre el negocio hidrocarburífero internacional no es nueva. Hace dos años la Comisión Europea (CE), organismo ejecutivo de la UE, presentó un paquete de medidas energéticas –aún no sancionadas– con el doble propósito de impulsar la seguridad en el abastecimiento y disminuir la dependencia regional con respecto a Rusia.

Uno de los cinco puntos del plan de acción es particularmente polémico, ya que impone a las firmas petroleras la obligatoriedad de publicar semanalmente sus reservas. El propósito de dicha medida estriba en modernizar el régimen de gestión de los stocks petrolíferos de emergencia que se pueden movilizar en caso de una interrupción en el suministro.

Sancionada en 1968, la vigente ley exige a los miembros de la UE mantener un nivel de reservas equivalente a 90 días de consumo de crudo. La nueva norma, en cambio, sustituye ese punto por el equivalente a 90 días de importaciones netas del recurso. Dicho de otro modo, la UE quiere elevar el porcentaje de reservas mantenidas bajo el control estatal y a la vez limitar la posibilidad de alcanzar el nivel exigido con títulos de opción de compra sobre el crudo.

Lejos de generar una aceptación unánime, la iniciativa suscitó el inmediato rechazo de las petroleras que operan en el viejo continente debido a los altos costos de su implementación. Además de advertir que fomentará un encarecimiento en la gestión de las reservas, las empresas señalaron que provocará problemas logísticos de almacenamiento en algunos países.

En virtud de esa enérgica resistencia la CE tuvo que posponer la aplicación de la exigencia –inicialmente pensada para ser puesta en marcha de inmediato– para el mediano plazo; es decir, luego de que se realice un estudio sobre el real impacto económico de su instrumentación.

Además de modificar la legislación de las reservas estratégicas de crudo, el mencionado paquete remarcó la necesidad de impulsar proyectos de infraestructura que optimicen la integración entre el Báltico y el resto de la región, construir un corredor de gas meridional para facilitar la llegada del fluido proveniente de otros mercados que no sean el ruso, estudiar la instalación de una red eólica en el Mar del Norte y optimizar la interconexión con los estados del sur del Mediterráneo.

Dependencia energética

De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los 27 miembros de la UE poseen un consumo energético de 1.825 millones de toneladas equivalentes de petróleo. Alrededor de un 46% de ese total se produce dentro del viejo continente, mientras que el 54% restante se compra en el exterior.

La energía nuclear es la más generada, aunque apenas un 3% de su insumo básico –el uranio– se obtiene a nivel regional. El bloque importa, además, un 82% del petróleo y un 57% del gas natural que utiliza.

Mientras que naciones como Eslovaquia, Hungría, Letonia, Polonia y Lituania dependen en un 90% de los pozos petroleros rusos, otras como Grecia, Italia, Portugal y España obtienen más de un 40% del crudo que consumen desde Medio Oriente. En materia gasífera, la mayor parte del recurso se importa desde Rusia, Argelia y Noruega, en ese orden.

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