“El agua tendrá un rol clave en el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales”

Según Carlos Scatizza, titular de Hidroar

La puesta en funcionamiento de pozos de recursos hidrocarburíferos no tradicionales exigirá una apropiada gestión hídrica. A partir de la experiencia registrada hasta el momento en Estados Unidos, el especialista Carlos Scatizza estima que cada pozo de shale gas exhibirá un consumo de 15.000 metros cúbicos.

El aprovechamiento sustentable de los recursos hídricos constituye uno de los principales retos a sortear a la hora de promover el desarrollo de los ricos yacimientos no convencionales existentes en el país. A decir de Carlos Scatizza, profesor de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y presidente de la firma especializada Hidroar, una de las claves pasará por disponer de información detallada de los recursos hídricos subterráneos. “Debe tomarse en cuenta que la fractura hidráulica, procedimiento de uso habitual en la industria hidrocarburífera no convencional, requiere miles de metros cúbicos (m∂) de agua en pocos días, por lo que su utilización debe ser balanceada con la demanda”, asegura en diálogo con este medio.

Al implementar el proceso, un fluido especialmente diseñado se inyecta a altísima presión en la formación en cuestión. “Esto crea fracturas en la roca madre, permitiendo que el hidrocarburo fluya hacia el pozo durante varios días”, explica.

Una vez que el tratamiento de fractura es completado, la parte del agua utilizada vuelve hacia la superficie. “En ese sentido, debe asegurarse la conservación, el tratamiento y la protección del recurso hídrico recuperado”, apunta.

En cuanto al sellado y abandono, comenta que dichas tareas se efectúan una vez que el pozo alcanza su límite económico. “Llegada esa instancia, las áreas perturbadas (incluyendo las bases y los caminos de acceso) deben devolverse a sus condiciones iniciales”, completa.

No obstante, indica que, durante la puesta en servicios de pozos no convencionales, la fracturación hidráulica no es la única fase que necesariamente implica consumo de agua. “Lo mismo ocurre con la construcción de pozos y campamentos, la perforación y los eventuales trabajos de estimulación”, advierte.

Según sus palabras, la perforación en formaciones norteamericanas de shale gas (como Marcellus Shale o Barnett Shale), que poseen ciertas similitudes con las presentes en el medio local, requiere entre 240 y 4.000 m∂, valor que depende del tipo de fluido utilizado, la profundidad y la extensión horizontal alcanzada, como principales variables. En tanto, el volumen necesario para lograr la fracturación hidráulica de las rocas o sedimentos precisa entre 8.000 y 15.000 m∂ por pozo, aunque en algún caso esa cifra puede trepar hasta los 20.000 m∂.

Dos hipótesis

Scatizza enarbola dos grandes hipótesis de adecuada gestión hídrica para el caso de que, en promedio, la explotación hidrocarburífera no convencional en la Argentina implicara un consumo de 15.000 m∂ por pozo.

“Si se incrementara un 30% la producción de gas por vías no convencionales en los próximos cinco años, serían necesarios entre 400 y 500 nuevos pozos de buen rendimiento (alrededor de 90 por año y uno cada 4 días). Entonces, el volumen diario de agua requerido sería del orden de los 3.700 m∂ (unos 154 m∂ por hora)”, proyecta.

No obstante, si el crecimiento del sector fuera mucho mayor y se perforaran 1.000 pozos por año –es decir, 2,7 por día–, las necesidades hídricas serían bastante más desafiantes. “Se demandarían 41.096 m∂ diarios, lo que representaría un consumo equivalente a satisfacer a una población de 165.000 habitantes, cultivar 1.000 hectáreas (Has), abastecer proyectos como Minera Alumbrera o Potasio Río Colorado, o cumplimentar la recuperación secundaria del yacimiento Rincón de los Sauces”, ejemplifica.

Agua recuperada

Finalizadas las operaciones de fracturación, al liberarse la presión del pozo se produce una recuperación de parte del volumen de agua inyectada. “Esto dependerá de las características de la formación fracturada, el diseño del pozo, los volúmenes inyectados y la eficiencia del frac, entre otros ítems. Por lo tanto, la recuperación de agua puede variar entre un 15% y un 70%”, detalla. El retorno, añade, se genera durante la primera etapa de terminación del pozo (a lo largo de varios días) y –posteriormente– durante su desarrollo (a lo largo de meses).

Con respecto a la disponibilidad de aguas residuales, destaca que las operadoras deben gestionar el retorno de éstas según las normativas estatales, tanto a nivel provincial como nacional.

Las alternativas de disponibilidad y/o tratamiento pueden ser cuatro: la inyección a una formación profunda in situ o ex situ; el tratamiento superficial y la disponibilidad en cuerpos de agua superficiales (lagunas); la evaporación (en ambientes desérticos) para luego disponer el residuo seco en repositorios de residuos peligrosos; y la reutilización en nuevas operaciones de fractura. “Esta última opción puede llevarse a cabo con o sin tratamiento”, aclara.

Sinónimo de vida

De acuerdo con Scatizza, siempre será esencial contar con un estudio hidrológico e hidrogeológico para poder evaluar y definir un proyecto productivo, además de satisfacer todas las consultas que surjan de las autoridades de control, la comunidad, la propia empresa involucrada y eventuales terceros. “En materia de exploración y explotación de hidrocarburos no convencionales, esta necesidad es aún mayor”, opina.

A su entender, el agua es sinónimo de vida, y su conocimiento la puede transformar en riqueza, desarrollo y trabajo. “Está en nuestras manos la capacidad de favorecer su correcto aprovechamiento para el bien de la población, los ecosistemas, la agricultura, la generación eléctrica y la industria en general”, concluye. ℗

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